ampharou

viernes, junio 29, 2007

Aaaaaaaaaaargh....!!!


Nueve de la mañana. Viernes. Finales de junio. Llego a la oficina y encuentro tres discos encima de mi mesa. No me lo puedo creer. Por fin ha llegado la aplicación que habíamos solicitado a las altas esferas (aplicación que teníamos y que, por el bien del bolsillo de todavía no sabemos quién nos quitaron, dejando los archivos con los que trabajamos totalmente huérfanos y a nosotros con ellos). Sale la informática de un despacho en el que está instalando también un ordenador y se hace la luz.

Once de la mañana. Aplicación instalada. «Cuando reinicies, prueba a abrir alguno de los archivos que os daban problemas. Yo me voy a desayunar». Sus órdenes, oh, deidad. Bien dicho lo de “prueba a abrir”, porque la prueba se queda en eso. Ya que no puedo hacer nada, bajo a tomar un café. Subo. Espero y por no re-esperar, usurpo el ordenador de un compañero para ir adelantando otro trabajo (si, porque además en el mío, me ha dejado sin impresora).
Cuando vuelve, sonriente, me pregunta que qué tal. «Pues fatal, oh, omnipotencia, porque a pesar de tu desvivir por instalarlo, el maldito no funciona». «No desesperes, triste mortal, en cuanto termine con el ordenador de Fulano, me pongo con el tuyo».

Una de la tarde. «Me voy. Cuando vuelvas a reiniciar, abre la aplicación». «Muy bien, oh divinidad. Pero –agachando la cabeza- me vas a dejar sin impresora?». «Ahora enviaré a un ordenanza con un cable de red» (por supuesto, no me he atrevido a preguntar dónde habrá ido a parar el que tenía ya).
Prueba sin prueba. Por supuesto, mensaje de «Microsoft no puede abrir el archivo». Inaudito. A pesar de que la divina informática se ha rebajado a pasear su tanga prácticamente toda la mañana por nuestra oficina, ni mi aplicación funciona ni muchas de las del nuevo ordenador de Fulano. Yo, de morros, dimito. Mi ateísmo amenaza con desbordarse.
Fulano llama al Olimpo, implorando un rayo de esperanza. Asistencia remota, no vayamos a tener que subir otra vez. No hay nada que hacer. La venus, con su aterciopelada voz, sentencia, «el lunes llamad a Zutano –el otro informático-, que yo me voy de vacaciones».
pensado por ana at 2:08 p. m. 4 han dicho

martes, junio 26, 2007

1 - A ...


... hundida.
pensado por ana at 3:44 p. m. 5 han dicho

jueves, junio 21, 2007

Trescientos.


No, no son los post que lleva este blog. Ni el cómic de Frank Miller, ni la película de Zack Snyder, aunque casi. Son las aventuras y desventuras de mis paseos en mula por la red, del fiarse de la buena voluntad de los navegantes y de las cosas que hay que ver.

Porque un día me di cuenta de que dejé escapar sin verla esa película que todos comentan y, como tengo poca paciencia (y una banda ancha que funciona de maravilla) y no puedo esperar a que esté en el videoclub, hago (juro que por primera vez en mi vida) lo que todo el mundo hace aunque todo el mundo lo niegue.

La primera sorpresa: aunque me he asegurado que se llama ‘300’, previsualizo, más que nada para comprobar que Leonidas marca adecuadamente los abdominales. Pero no salen espartanos, sino un título que parece hecho por un chico de nueve años en una cartulina que dice que la ‘obra’ se llama en realidad «Il cornuto». Cancelo y lo arrojo todo a la papelera.

Segunda sorpresa: elijo una fuente que parece fiable. Como gato escaldado hasta del agua fría huye, vuelvo a previsualizar en cuanto el tanto por ciento me lo permite. O la batalla de las Termópilas ha cambiado mucho, o no me explico qué hace esa señorita, tan ligera de ropa, enseñándole un piso a un babeante macho-man. Vuelvo a cancelar y añado basura a la papelera.

Sorpresa mayúscula: cuando ya he enviado saludos en arameo a todos los familiares vivos de los simpáticos chicos que se divierten en la red y he agradecido la feliz idea de comprobar en los berenjenales en los que me metía antes de organizar un pase con los niños, mis padres, la abuela y la tía que iba para monja, vuelvo a previsualizar. Barras y estrellas ondeando sobre un cielo azul. Una leyenda que reza «In Memory of the Victims of the Terrorist Attacks on September 11». Fundido en negro. En el siguiente plano no salen precisamente las torres gemelas, sino lo que en Cádiz se conoce por el eufemismo de «torre de preferencia» y que no tiene nada que ver con el fútbol. Supongo que se deberá a la bonita tradición americana de levantarse cuando suena el himno nacional. Las que sí son gemelas son las dos señoritas que se acercan a gatas y con mirada de recelo (no porque sospechen nada, que parece que saben perfectamente lo que van a hacer. Recelo de celo-celo).

Cuando consigo sobreponerme de la emoción que me ha embargado ante la exquisitez del conmovedor tributo, vuelvo a cancelar y suprimir. Apago la pantalla y lloro en un rincón. De risa.

Eso sí. Mientras escribo esto, tengo la grabadora en marcha. Este fin de semana tengo una cita en mi tele con trescientos espartanos. No pudieron con ellos y tampoco van a poder conmigo.

pensado por ana at 10:24 p. m. 7 han dicho

domingo, junio 10, 2007

Historias de autobús.

Cada día, entre lunes y viernes, salgo de casa a la misma hora: tarde. Cada día, a la misma hora, espero el autobús en la parada que hay justo enfrente de mi casa. Y cada día, a la misma hora, solemos esperar el autobús los mismos: la chica que llega a la parada hablando por el móvil, que sube al bus hablando por el móvil y que continúa todo el trayecto hablando por el móvil; la señora con moño que vive en mi mismo bloque; el ejecutivo estresado que mira la hora continuamente y algunas personas más, asiduas o pasajeras a esa hora y a ese autobús.

De las primeras, también hay una rubia preciosa de cabellos brillantes y ojos de un azul intenso que, indefectiblemente, llega abrazada a un chico guapo al que tan sólo hay que mirar de reojo para darse cuenta que vive entregado a ella: le quita con auténtica devoción cualquier mechón rebelde de la cara, ríe con cada mohín de ella y le habla con tanta dulzura que los que le oímos no podemos dejar de esbozar una sonrisa. Ella, mimosa, apoya su cabeza contra su hombro mientras espera, como todos nosotros, el autobús que parece no llegar nunca. Cuando al fin aparece, ella levanta la cara, se quita el chupete y suelta un «papá» que suena como un cascabel.

No debe haber cumplido los dos años. En cuanto subimos al autobús en perfecto desorden, tal y como sólo sucede en Cádiz, el papá, con la preciosidad en brazos, se sitúa, siempre que puede y el autobús no es una réplica exacta de una lata de sardinas despresurizada, junto a las ventanillas de la parte izquierda del autobús. Desde allí, la pequeña no le quita la vista a la acera de enfrente, que pasa deprisa en dirección contraria. Se sabe la calle de memoria y basta con que el padre le diga «mira, la playa» cuando por alguna bocacalle se adivina un trocito de mar para que ella abra los ojos y la boquita todo lo que puede y le pida a su papá «ota paya, sí, papá?».

Ambos se bajan en mi misma parada, no sin antes despedirse debidamente del autobús. Yo, a mi vez, sonrío por enésima vez y me despido, para mis adentros, de ellos.

pensado por ana at 1:42 p. m. 12 han dicho

martes, junio 05, 2007

Rosario.

Aquella residencia entre jardines, saqueos buscando una simple silla. Las noches en La Perola y decenas de despedidas de soltera fingidas. Los cortos de «Spiven Stilberg», horas de Trivial, una pistola de agua y una tarta de chocolate volando por el comedor.

Los siguientes años y los conciertos. Cogollos en la Judería y calamares en Achuri. Un mercedes en correos un domingo de coros. Canciones compartidas, canciones regaladas. Ser las únicas capaces de pedir un café en la calle de la Palma un miércoles de carnaval a las cuatro de la mañana y que nos lo dieran. Zapatos sucios lavados con Fairy, zapatos rotos, carreras descalzas por la calle. El Nano «ioputa» y los globos. Los SMS más surrealistas. Madrugadas de confidencias y el gesto de mafiosa mientras fumabas. Guía por Sevilla de la mano de la reina del barrio, el Hércules, la Alameda. El perro que mordía la pernera de aquel cantante, los premios, «la Caná», el Cano y el Canelo...

Qué difíciles son las despedidas, qué tremendamente difícil que te fueras sin poder decirte adiós, saber que no habrá más vivencias que atesorar, que recuerdos como éstos serán los únicos, que tendré que guardarlos yo sola, que no volverás a estar ahí, sino sólo en el alma de los que te hemos querido.

Ya no hay más lágrimas.

Hoy levanto mi copa por ti.



pensado por ana at 3:33 p. m. 3 han dicho

viernes, junio 01, 2007

Feria.


Recojo el guante lanzado por Malatesta y aquí me tenéis, al más puro estilo cañí.

Y cuidado, que esta muñeca recién salida de la fábrica de Marín, tiene, hoy, ganas de fiesta.

pensado por ana at 3:33 p. m. 5 han dicho

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