ampharou

jueves, junio 29, 2006

Hombre.


“El hombre, más que ser comprendido, lo que desea es que se respete lo que hay en él de incomprensible”

Heliópolis, Ernst Jünger



pensado por ana at 12:13 a. m. 17 han dicho

martes, junio 27, 2006

Camino.


Despacio, pero con paso seguro.

Un pie, otro pie.

Mis pasos me llevan a donde quiero.

Ya no quiebra el cansancio y persiste la paciencia.

Porque sé a dónde voy.

Porque caminas conmigo.




pensado por ana at 4:37 p. m. 7 han dicho

viernes, junio 23, 2006

Noche de San Juan.


Tira a juanillo
por el patinillo,
tira a su hermana
por la ventana.

pensado por ana at 7:22 a. m. 11 han dicho

miércoles, junio 21, 2006

Cuento de verano.

Tumbada al sol, calor de justicia y todos los rayos pegándose a mi piel. Sopor de mediodía. Quiero mantener los ojos abiertos, pero la luz y el sueño pueden más que ellos. La barbilla a ras del suelo, las figuras que entreveo tiemblan por culpa del calor que desprende la arena. Yo también siento ese calor a través de la toalla sobre la que estoy tendida. Pero no tiemblo. No tiemblo pero doy un respingo. Bendita costumbre que tienes de hacerme saber que has salido del agua poniendo tus manos por sorpresa sobre mi espalda. Cambio brusco de temperatura. Para ponerle remedio, me levanto entre tus risas y me dirijo a la orilla. Ya no ríes. Sólo miras. El estampado de la parte de atrás de mi bikini tiene ese efecto sobre ti.

Entro despacio en el mar, dejando que las olas tontas de este mar en calma me vayan enfriando la piel. Cuando la profundidad es suficiente y de un grácil salto, me sumerjo entre las estrellas que el sol le pinta a la superficie del mar.

Cuando salgo del agua, con el frío del Atlántico marcando el bikini y el agua que ha retenido mi cabellera ya deslizándose por mi espalda, sigues sentado en la arena, esperando, todavía, un beso salado.

pensado por ana at 11:04 p. m. 13 han dicho

sábado, junio 17, 2006

Verbos.



Me miras, me llamas, me hablas, me observas.

Me dices, me adulas, me tocas, te beso.

Me abrazas, me cantas, me trenzas, me ves.

Me esperas, me oyes, me ríes, me tienes.

Me atas, me mimas, me nublas, me turbas.

Me fumas, me bebes, me hueles, te como.

Me acaricias, me inventas, me buscas, me encuentras.

Me aniñas, me haces, me naces y me creces.

Me aflojas, me animas, me estudias, me sabes.

Me bailas, me vuelas, me sueñas, me piensas.

Me traes, me llevas, me haces, me voy.

T’estimo.


pensado por ana at 3:41 p. m. 16 han dicho

jueves, junio 15, 2006

Desayuno #15

Ayer, durante el desayuno (por favor, ¿por qué no me dejarán desayunar con la única compañía de mi libro?), un compañero me confesaba estar ‘consternado’. El motivo de tal sentimiento no era otro que una entrevista a cierto personaje de la vida social y política de este país aparecida en el suplemento dominical de un periódico, el cual, en circunstancias normales, este compañero se habría dejado cortar los dos brazos antes que tocarlo. Pero este domingo no sólo lo había tocado. También lo había leído. Y se le habían roto los esquemas. ¿A ti no te choca?, me espetaba. ¿Chocarme? Claro que me choca que en Atapuerca presuman de tener la mayor colección de fósiles humanos. Yo tengo uno delante y ni siquiera está catalogado.

Juraba y perjuraba que iba a seguir respetando a dicho personaje (sabiéndolo, seguro que duerme más tranquilo), pero al decirlo casi convulsionaba. En su película mental, alguien debía haber cambiado una toga por una boa de plumas. Realmente estaba consternado. Manoteaba intentando comprender. Ardua tarea a estas alturas y con convicciones tan sólidas. No podía ser. La judicatura no. Si ella también cae, ¿qué nos queda? ¡Y a esas instancias!

Decidido: voy a cambiar de cafetería.

pensado por ana at 10:57 p. m. 6 han dicho

miércoles, junio 14, 2006

La mujer invisible.



Me falta un centímetro para el metro setenta y dos kilos para los sesenta. No soy lo que se podría llamar ‘menuda’. Y aun así, hay veces que parezco invisible. ¿Por qué si no me ibas a atropellar cuando subes al autobús? ¿Por qué entonces tropiezas conmigo y ni siquiera te giras para comprobar que no estoy en el suelo por el efecto de tu hombro contra el mío? ¿Y esa zancadilla? ¿Tan sigilosa soy que ni siquiera me oyes? ¿No me ves o es que realmente no existo?

Tengo el poder de desaparecer a veces. No es a antojo, sucede cuando menos lo espero.

Será que no lo espero nunca.
pensado por ana at 9:54 a. m. 9 han dicho

domingo, junio 11, 2006

Hamlet habla

Por la sangre de Dios, decidme, ¿qué haríais?

¿Queréis llorar? ¿Queréis batiros? ¿Ayunar? ¿Destrozaros?

¿Beber vinagre? ¿Comeros un cocodrilo? ¡Yo lo haré!

¿A qué habéis venido? ¿A lloriquear?

¿O a haceros el valiente saltando a la tumba?

¡Que te entierren vivo con ella! ¡Y a mí también! ¡A los dos!

Y ya que hablas de montañas, que arrojen
sobre nosotros millones de acres hasta que nuestro suelo,
quemada su cresta en la zona ardiente,
haga que el monte Ossa parezca una verruga.

¡Grita, que yo gritaré tanto como tú!


William Shakespeare. Hamlet, Acto V, Escena II.

pensado por ana at 1:42 p. m. 6 han dicho

viernes, junio 09, 2006

¿te resistes?









pensado por ana at 9:56 p. m. 8 han dicho

miércoles, junio 07, 2006

Il dottore.

Que no, que no, que yo no vuelvo. Si ya se sabe lo que se dice, sales peor de lo que entras: llegas con un resfriado y te vas poco menos que arrastrando el sudario. Y menos mal que esta vez me tocó uno simpático (que esa es otra ¿quién inventó las consultas jerarquizadas?), que el anterior, bueno, he visto al veterinario hablar más con mis gatos. Por no hablar de la manía que tienen de hacerte la vida más difícil. ¡Que en vez de una cruz roja deberían llevar una señal de prohibido! Te lo quitan todo: el tabaco, el alcohol, la buena pitanza, el... todo. Menos pagar la hipoteca. Todavía no he encontrado uno que me diga que eso es malo, que también tengo que dejarlo. Al fin y al cabo es lo que más me hace sufrir.

En otra cosa en la que están todos de acuerdo es en recomendarte hacer ejercicio. Claro, por lo visto trabajar, hacerte cargo de la casa y de los niños no está todavía contemplado como disciplina olímpica y no cuenta. El triatlón es otra cosa. Aunque llegues a la noche con la sensación de haber corrido tres maratones seguidas.

Te lo prohíben todo y encima te dicen «es normal a su edad». Tres meses para una consulta, más pruebas que las que Euristeo le ordenó a Hércules, para que terminen insultándote y llamándote vieja.

Decidido. No vuelvo.

Eso sí, que nadie se dé por aludido ¿Hay algún médico en la sala?


pensado por ana at 6:09 p. m. 8 han dicho

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