ampharou

lunes, octubre 30, 2006

Tocarnos la cara.


Pídele a alguien uno de sus errores y será lo último que esté dispuesto a darte.

Tocarnos la cara, Belén Gopegui.


pensado por ana at 9:38 p. m. 8 han dicho

viernes, octubre 27, 2006

Previsiones.


Hoy hizo sol y no, llovió y todo lo contrario. Hubo nubes blancas, nubes negras y ausencia de nubes, y el cielo pasó del azul celeste al gris plomizo y luego al contrario.

El viento sopló de levante, de poniente, y más tarde dejó de soplar. Llegó a hacer casi frío y casi calor.

Sólo faltaron rayos y centellas, su poquito de granizo y un eclipse parcial.

Por fuera.

Por dentro perdura la estabilidad atmosférica mientras se acerca un anticiclón que será más perceptible a medida que vaya llegando el próximo fin de semana.

pensado por ana at 10:13 p. m. 10 han dicho

jueves, octubre 26, 2006

Café y azúcar.










Como cada mañana, se instaló en el rincón más apartado de la barra del bar, allí donde la máquina del café soltaba su vapor de vieja locomotora. Aquel sitio siempre estaba vacío, esperándola, como reservado para ella. El ruido del vapor ahuyentaba a la clientela, pero ella, después de los años que hacía que había adoptado aquel lugar para el café de las mañanas, había terminado por no oír aquel bufido a fuerza de pura costumbre.

Café hirviendo, leche fría. El mismo ritual de cada mañana: sostener por unos segundos el terrón de azúcar sobre la superficie del líquido caliente, apenas rozándolo, mientras se iba tiñendo y empezaba a derretirse. Uno, dos, y los mismos pliegues en el envoltorio vacío. Encender un cigarro y mezclar su humo con las volutas que se desprenden de la taza. Abrir el libro y abstraerse en él, aunque a aquellas horas no había mucho más allí en qué distraer la mirada: la cafetería casi vacía, solo ella, los dos camareros aburridos y somnolientos tras la barra y las luces parpadeantes de la tragaperras que, de vez en cuando, soltaba su lamento en forma de patética musiquilla de feria reclamando atención entre un público a aquellas horas inexistente. Quizá demasiado temprano para los que van, quizá demasiado tarde para los que ya están de vuelta, así que ella sola con su multitud: su libro, su café, su cigarro y el camarero, simulando tener algo que hacer, que por decir algo le pregunta: «Anita, y ¿no dirá en ese libro que lees cuándo por fin va a hacer frío?» «No lo sé, Alejandro. Todavía no he llegado al final».

Fin del capítulo, acomoda la pauta y cierra el libro. Último sorbo de café poniendo toda su atención en apagar el cigarro. No debe quedar ni siquiera una pequeña pavesa encendida, ni una pequeña y calcinada porción de tabaco y papel que no sea reducida a ceniza, a polvo de ceniza, a minúsculas partículas de polvo de ceniza. Y tan concentrada está en esta labor que tiene todo su pensamiento puesto en otra parte, justo en la última frase que acaba de leer: «Su afecto como el chal que nos envuelve»

Sonríe. No ha llegado al final del libro y no sabe cuándo llegará el frío. Pero ha llegado al final de un capítulo y ha encontrado la mayor de las pistas para saber cuándo hará calor: su amor como un velo envolviéndole el cuerpo.

pensado por ana at 9:50 p. m. 3 han dicho

miércoles, octubre 25, 2006

Problema.







Hay cosas que suceden sólo porque tienen que suceder. Como aquellos coches que nos planteaban los problemas de niños, que circulando en la misma dirección y sentidos opuestos tenían que encontrarse en un punto sólo porque así estaba escrito. Así, como en estos ejercicios, nuestras acciones tienen también un resultado, que es ese cruce de coches, y da igual que la variable conocida sea una velocidad constante o un correo escrito en una tarde como esta. También da igual las operaciones que tengamos que realizar: al final los coches se cruzarán. Porque al fin y al cabo, la distancia que separa Cádiz de Barcelona tampoco es tanta, y el punto intermedio no tiene por que ser Albacete.

Eso sí, lo que ocurre después de que se produce el encuentro es otra historia. Otra historia que ya es la tuya y la mía.

pensado por ana at 9:07 p. m. 9 han dicho

lunes, octubre 23, 2006

Serpientes de agua.


Mi casa huele a lluvia y a temporal y mi piel está cubierta de salitre y arena.

Esperándote.

En mi pelo enreda algas el viento del sur, hay barro en mis pies y crecen líquenes en mis piernas.

Deseándote.

Las manos se me llenan de escamas, los ojos de agua, el alma de coral.

Amándote.

pensado por ana at 9:10 p. m. 6 han dicho

Tristes días.







Días tristes de triste otoño en los que la lluvia cae y se lleva mis ánimos como un reguero por las alcantarillas.

Días tristes de triste otoño de sol pálido que enmudece a media tarde.

Días tristes de triste otoño de frío en la madrugada y viento en las esquinas.

Noches tristes de triste otoño de nubes en el cielo que nos estorban la luna, de camas solas, de sábanas frías.

pensado por ana at 12:05 a. m. 3 han dicho

jueves, octubre 19, 2006

¿Te gusta jugar?



La familia crece y crece, y en la blogosfera hoy nos aparece Adivina adivinanza, una bitácora empeñada en poner a prueba la imaginación y los conocimientos de todo el que hasta allí se quiera acercar.

Promete ser divertido ¡y altamente adictivo!

pensado por ana at 7:53 p. m. 7 han dicho

miércoles, octubre 18, 2006

Conjugación.


Ellos dicen.

Vosotros decís.

Nosotros decimos.

Él dice.

Ella dice.

Tú dices.


Yo, maldigo.

La imagen, de Asbjorn Lonvig.

pensado por ana at 6:06 p. m. 8 han dicho

domingo, octubre 15, 2006

El horror.


¿Ha pensado alguna vez en auténticas libertades?
Ser libre de la opinión de otros.
Incluso de la propia opinión.

Coronel Kurtz, Apocalypse Now.
pensado por ana at 9:26 p. m. 11 han dicho

miércoles, octubre 11, 2006

Muñeca de trapo.






Todavía podía recordar los días en que ella era la muñequita más linda del lugar. Los días en los que, ondeando su melena de lana roja, hacía volverse a los soldaditos de plomo al pasar, los osos de peluche la admiraban y escuchaba el murmullo envidioso de las muñecas de recortable cuando ella aparecía. Incluso hubo una vez que un maquinista de un tren mecánico llegó a enviarle alguna carta de amor desesperada.

Ahora, algunas veces todavía se sentía así. Justo hasta que se cruzaba con su propio reflejo que le recordaba que el tiempo no perdona. Por eso temía a los espejos, por eso huía de cualquier cristal que fuera capaz de retener su imagen por un instante. Cuando sucedía que no podía evitarlo, se veía allí, paralizada entonces, como a través de un grotesco espejo de feria que le devolvía la imagen deformada de lo que fue, la imagen real de lo que era: los botones negros de sus ojos habían perdido su brillo y el hilo rojo que le pespunteaba la boca se había vuelto tan pálido que muchas veces apenas se podía distinguir si sonreía o lloraba. Las hebras de su pelo también habían ido perdiendo el color, haciéndose tan claro en algunos mechones que se podría decir que había encanecido, como si de una criatura humana se tratara.

La tela que era su piel había cedido tanto que ya era incapaz de mantener prieto el serrín en su sitio, por lo que se le acumulaba en los tobillos dándole un aspecto ridículo. Incluso más de una vez había tenido que sentarse en cualquier lado y sacar su pequeño costurero, que ahora ya llevaba siempre encima, por la necesidad de remendar alguna costura en sus piernas que evitase la pérdida del relleno.

Sí, recordaba todavía aquellos días de los que se iba alejando, arrastrando, poquito a poco, sus pies de trapo.

La imagen, de http://ramosdiaz.com/


pensado por ana at 3:37 p. m. 11 han dicho

domingo, octubre 08, 2006

Felicidades, princesa.












Trece años como trece soles.


pensado por ana at 3:05 a. m. 22 han dicho

sábado, octubre 07, 2006

Ruibal.




La mañana de ayer llegaba la noticia, vía amiga de una amiga: Ruibal actúa esta noche en el Pópulo. Confirmación en el Diario de Cádiz: inauguración del centro socio-cultural Tierra de todos. Junto a él, el escritor Juan José Téllez y el grupo de Senegal, y afincado en Sevilla, Super Tam Tam.

Con su último disco gastado y todavía un pellizquito por quedarme sin entradas dos meses antes de su actuación el pasado mes de mayo en el Falla, organicé todo lo que pude para no faltar esta noche. Claro que no conté con los imprevistos, y por causas de fuerza mayor que no vienen al caso, a primeras horas de la tarde ya sabía que de nuevo me lo iba a perder.

Así que de pensar contaros una maravilla de recital, que seguro que lo habrá sido, lo único que puedo hacer, para que no os quedéis vosotros también con las ganas, es poner aquí esta preciosidad de copla. No es la que tenía pensada al principio, La canción del contrabandista. Esa será otro día. Hoy la única que me sale es ésta:



Para llevarte a vivir.


De lo dicho sin pensar
de lo que callo y no digo
de las cosas por pasar
de las trampas del azar
de las cartas del destino.

Tengo un lápiz colorao
con un librito guardao
para escribirlo contigo.

Si la suerte inoportuna
te jugara una encerrona
si no hay salida ninguna
si la gracia y la fortuna
se apartan de tu persona.

Tengo un farolillo verde
por si de noche te pierdes
y la luna te abandona.

Tengo la rosa de oriente
el oro del sol naciente
y lo que quieras pedir
tengo el mapa del tesoro
tengo el palacio del moro
para llevarte a vivir.

De todo lo que besé
no doy beso por perdido
pa que me vuelva a morder
con la locura de ayer
tu boca contra el olvido.

Guardo un beso de reserva
para rodar por la hierba
cuando te vengas conmigo.

El sur que te prometí
tiene al sur otra frontera
las cuerdas de mi laúd
siguen buscando la luz
más al sur de la quimera.

Tengo una playa desierta
y una calesa en la puerta
para lucirme a tu vera.

Tengo la rosa de oriente
el oro del sol naciente
y lo que quieras pedir
tengo el mapa del tesoro
tengo el palacio del moro
para llevarte a vivir.

pensado por ana at 1:45 a. m. 5 han dicho

viernes, octubre 06, 2006

Pablo





Y ya tiene un año, y seis dientes como seis soles. Y unos ojos azules que se comen el mundo por donde va, aunque apenas se tenga en pie, aunque todavía no haya decidido que es hora de dar su primer paso.

Y es el culpable de las babas derrochadas de padres y abuelos, de tíos y primos, algunos de los cuales sólo sienten no tenerlo un poco más cerca para pellizcarle los mofletes un ratito todos los días.

Y aunque no sepa soplar la velita ni dejar tieso su índice diciendo cuán mayor es, seguro que hoy no le faltará la risa ni los cariños, ni los mimos ni la felicidad.


pensado por ana at 12:42 a. m. 10 han dicho

martes, octubre 03, 2006

Días de otoño.







Hay días en que el otoño se me instala en las venas y me amarillean los ánimos amenazando con caer.

Hay días que los kilómetros pesan más que los años y los kilos, y la paciencia es una especie en vías de extinción.

Hay días en que el horizonte está hecho de alquitrán, hay días en los que soy un caracol resbalando en un espejo.

Hay días grises y días negros, días de gato panza arriba, de cólera incontenida, de tristeza incontrolada.

Pero hay días en que el teléfono llama al orden y el ordenador me aquieta el alma. Hay días en que su voz me clama al cielo y me tiende una red sobre el vacío. Entonces soy capaz de pararme de puntas de pies y la esperanza vuelve a ser una joya verde engarzada a mi cuello.


pensado por ana at 10:29 p. m. 17 han dicho

M&M


¿A quién no le gustan?
pensado por ana at 9:31 a. m. 3 han dicho

domingo, octubre 01, 2006

Reverso II.

Le besó la punta del dedo índice, cogió el mechero y el móvil de encima de la mesa y se acercó a la barra a pagar los cafés. Ella lo vio salir por la puerta de la cafetería mientras llamaba a la camarera y pedía otro té.

Encendió otro cigarrillo por si el humo le aclaraba las ideas. No le gustaba discutir. No sabía hacerlo. Admiraba a aquellos que eran capaces de enzarzarse en una disputa dialéctica y asaetear al oponente con frases claras y precisas, en un auténtico duelo de caballeros, pronunciando y recibiendo tan acertados parlamentos que podían dar por concluido el debate sin la deshonrosa sensación de haber perdido nada por el camino. Pero ella no. Ella había sido de las que ante la retahíla de reproches de cualquiera que hubiese sido su contrincante, se replegaba y huía, literalmente. Cuántas veces, en el fragor de una disputa, se había quedado absolutamente muda, se había dado la vuelta y había deseado que la tierra la tragase. El silencio había sido su escudo, pero también su mal, porque callar significaba tragar, y tragar significaba rumiar hasta morir... o hasta explotar.

Y así había sido, hasta el día que se encontró tan abatida y tan llena de rencor sin salida que marcó un punto de inflexión en su forma de actuar. De un extremo a otro, se había convertido en la nueva acólita reverenciadora de la idea de que las diferencias, si se dejan enfriar, terminan por enquistarse y ser un mal mayor. Pero la oratoria seguía sin ser su fuerte, ni siquiera para agradar, tanto más para discutir. Había pasado de dar la callada por respuesta a ser una auténtica máquina de vomitar reproches, mezclando presentes, pasados y futuros sin otro hilo conductor que no fuera su propia rabia.

«Ahora merece la pena aprender». Recordó que alguien una vez le aconsejó no acostarse nunca enfadada y agradeció la tregua que él le había dado. Recogió las compras y salió a su vez de la cafetería. Tal vez le diera tiempo de preparar algo ligero para cenar y ponerse cómoda antes de que él regresase.


pensado por ana at 9:22 p. m. 8 han dicho

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